Coro de Manos Blancas | De los Caracas a la Casa de los Cursillos
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CORO DE MANOS BLANCAS.
TRES GRANDES MOMENTOS CON
ITZHAK PERLMAN

1977 – 1994
DE LA CIUDAD VACACIONAL LOS CARACAS
A LA CASA DE LOS CURSILLO.

La ciudad vacacional Los Caracas, frente a las costas del litoral venezolano, acogió entre el intenso vaivén de las olas y el recio viento que eriza la bruma y baña la arena, la idea de un movimiento sin precedente alguno en Venezuela, cuya fuerza se centraba en un grupo de jóvenes que en sus manos solo había un instrumento, una partitura en el atril y un puesto en la orquesta, quienes guiados por la visión de un hombre cuya sabiduría y gigantesca capacidad de leer diáfanamente el horizonte, hizo posible que la idea se constituyera en realidad concreta.

En el marco del Convenio “Andrés Bello”, uno de los mecanismos de cooperación multinacional en materia de educación, cultura y tecnología más importante en la región, siendo Venezuela uno de sus miembros, se suscitó el primer encuentro nacional juvenil de orquestas entre los días del 10 al 13 de febrero de 1977. La diligente gestión del Maestro José Antonio Abreu hizo posible entonces la reunión de cientos de jóvenes consumando una intensa preparación técnica y musical para realizar un gran concierto el día 12 de febrero, “Día de la Juventud” en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela con un repertorio conformado por la Obertura de la ópera “Maestros Cantores de Núremberg” de Richard Wagner, el poema sinfónico “Romeo y Julieta” de P.I. Tchaikowsky y la Quinta Sinfonía en Do menor de L.V. Beethoven.

Quienes asistimos a ese encuentro orquestal desde Barquisimeto, viajamos por carretera durante largas nueve horas. Nos correspondió habitar las cabañas de la Residencia Chacao de la ciudad vacacional. Allí, se conjugaba entonces la amistad, el compañerismo, el compartir no sólo la práctica orquestal, sino las múltiples experiencias que en los momentos libres disfrutábamos, fueron cohesionando a un grupo y con los años una familia. Entre esos momentos fuera de ensayo o de clase de instrumento, surgía la oportunidad de escaparse a un río que pasaba justo cerca de las cabañas asignadas. El calor era intenso y allí era posible refrescarse un poco. Había por igual un trayecto maravilloso desde las cabañas al restaurante. Un espacio bordeado por el mar en el que se degustaban comidas exquisitas que encantaban a nuestro joven paladar.

La dinámica del día a día, combinaban clases individuales de instrumento en horas de la mañana, ensayos seccionales por la tarde y posteriormente en la noche un ensayo general. De esta manera se iniciaba una larga tradición de trabajo de los hoy famosos seminarios, donde la preparación técnica y musical le acompañan momentos de esparcimiento en contacto con la naturaleza. Al final de cada jornada de trabajo había un momento muy particular. El Maestro Frank Di Polo se encargaba de colocar un equipo de reproducción de video. Todos reunidos en un gran salón nos disponíamos al final de la jornada para apreciar las más grandes ejecuciones de los solistas de talla mundial.

Uno de esos conciertos en video marcó profundamente mi vida. Aquella noche vimos el concierto para violín y orquesta de P.I. Tchaikowsky. Pese a ser una obra conocida por todos, lo realmente sorprendente fue ver que el solista ingresaba a la sala de conciertos con un equipo que le asistía en su desplazamiento. Era el famoso violinista Itzhak Perlman, afamado intérprete de origen israelí que durante su niñez fue diagnosticado con poliomielitis. Era una persona con discapacidad, pero infinitamente capaz para la música. Inmediatamente vino a mi mente una pregunta que se constituyó en poco tiempo en un ritornello que acompañó los siguientes años de mi vida, con una recursividad insistente, una idea por igual en potencia. ¿Por qué en la orquesta donde convivo no hay jóvenes en silla de rueda que puedan tocar un instrumento? La imagen de Perlman se fijó por completo en mi mente y con ello el perseguir de manera incesante una respuesta.

En los años siguientes 1978 a 1981 los seminarios en Los Caracas seguían siendo el más importante encuentro entre los nacientes módulos de la arquitectura sistémica diseñada por el Maestro José Antonio Abreu cuya labor avanzaba con tenacidad y ahínco en todos los estados del país bajo el nombre de Orquesta Nacional Juvenil “Juan José Landaeta.” Lara, el núcleo de Barquisimeto, ya para el año de 1984 trabajaba de manera constante bajo la guía del Maestro Leonardo Panigada. En ese año se inició dentro del módulo un programa de concientización hacia la música para niños y jóvenes de sectores populares, en condiciones de vulnerabilidad social, quienes fueron llevados a la orquesta e incorporados al sistema. Veía así en retrospectiva a Itzhak Perlman en su silla de ruedas una vez más. Pensaba que este gran artista, pese a su fama, de niño debe haber sufrido las embestidas de una sociedad que ve en la discapacidad un criterio para el excluir, apartar o negar, lo mismo que niños y jóvenes en situación de pobreza, renegados y apartados de posibilidades de acceder a un mejor futuro. No dudé en ofrecerme como tallerista para atenderles y acompañar su proceso formativo en la música.

Con la creación del Conservatorio Regional “Jacinto Lara” en 1.989 asumo la dirección de la Orquesta de Iniciación. El movimiento orquestal crecía rápidamente y comienza a ser apremiante la necesidad de encontrar espacios más grandes para albergar a los niños y jóvenes que allí se formaban. Así, en 1992 se comenzaron a realizar los ensayos en el Hogar de Niños Impedidos “Don Orione” (HONIM), un lugar que alberga niños con discapacidad y en condición de orfandad. Estos niños eran “el público” que asistía a los ensayos de la orquesta a quienes intentamos colocar en sus manos un instrumento musical. Posteriormente fue la Casa de los Cursillos el espacio que se ocupó para realizar el trabajo orquestal. Por esos días llegó de la mano de sus abuelos un niño con grandes condiciones para la música que aspiraba tocar trombón como su padre, sin embargo fue el violín que rápidamente logró dominar dentro de la Orquesta de Iniciación valiéndole esto para ser ascendido a la Orquesta “Doralisa de Medina” dirigida por el Profesor Luis Orlando Giménez. Era el niño Gustavo Dudamel quien con su talento y travesuras comenzaba a dar muestra de su genialidad. Su enorme capacidad para hacer música, dominar el instrumento, destacar por sus méritos para hacerse en poco tiempo del podio de la orquesta. Un líder para la música, para la creación artística se perfilaba con gran nitidez ante la vista de sus profesores. Y así frente a nosotros y sin saberlo, este joven iniciaba su camino al más impresionante de los éxitos que se hayan conocido en nuestro país.

Al mismo tiempo, el irresistible rumbo que marca el destino de los hombres, que resuena con fuerza en su interioridad, apartándole de la idea de que es él quien conduce su vida como guiándose así mismo, hacía posible que otro niño llegara a ese mismo lugar, a la orquesta. Esta vez se trataba de uno a quien los talentos, las destrezas, la brillantez de su intelecto, el genio de su ser, parecían habérsele negado. Era Oswaldo José Montilla, mi primo, un joven de 9 años con autismo, quien arribaba a la orquesta para estudiar música. La imagen de Itzhak Perlman de nuevo, como faro luminoso irradiaba por medio de la discapacidad de mi primo, otorgándome la inspiración, la determinación y la fe necesaria para decididamente lograr incorporar niños y jóvenes con discapacidad a la práctica orquestal, lo cual pudo hacerse posible en el año de 1994 cuando junto con él, otros niños con déficit cognitivo y dificultad de aprendizaje pertenecientes al Instituto de Psicopedagogía Lara (IPSILARA), fueron integrados a los ensayos: Devymar López, Diana González, Félix Mosquera, Juan Carlos Rojas, Juan Manuel Pérez, Omar Alí Palacio Y Rocycel Rodríguez. Por otro lado el solidario apoyo del Profesor Sergio Figallo cristalizó la presencia de niños con déficit visual del Instituto Luis Braille: Alex Valenzuela, Angelbis Pérez, Carmari Morales, Gustavo Flores, José Gregorio Hernández, Juan Carlos Figueroa, Karol Yánez, Luisana Freitez, Marco Antonio Ramos y Tilcia Rodríguez.

De esta manera comenzaba a encontrar respuesta a la pregunta de aquella noche en Los Caracas. Ya la imagen de Itzhak Perlman se cristalizaba en todos y cada uno de los niños que ahora se incorporaban en la orquesta. No habría sido posible sin la ayuda de valientes y abnegados docentes amigos: Naybeth García, mi esposa, con clases de cuatro; Rosa Elena Gutiérrez, asistente al director; Víctor Reyes, violonchelista y Tomás Campos, violinista; quienes aceptaron el reto de romper barreras y sin saberlo, fundar lo que hoy conocemos como un modelo de educación musical para personas con discapacidad, el modelo “Coro de Manos Blancas”.

JHONNY GÓMEZ